Expo 2008 - XXVII Expoferia Internacional de Ganadería, Industria, Agricultura, Comercio y Servicios; y LX Exposición Nacional de Ganadería

Más de 16 asoc. de criadores
1569 ejemplares para exposición
60 Stand y sala de conferencias
3.600 mts de pabellón industrial

Discurso Habilitación Expo 2008

Sáb, 05/07/2008 - 13:05 hs

Lic. Gustavo Volpe Presidente de la Unión Industrial Paraguaya:  El lema “la Fiesta del Trabajo” que ha acompañado a la Expo durante tantos años, tiene un significado particularmente apropiado en esta su Vigésimo séptima edición. La Expo es siempre una fiesta, un acontecimiento donde el país entero acude vestido con sus mejores galas, para pasar gratos momentos de encuentro y de recreación.

No pocas veces, en medio de adversidades, la Expo era una de las pocas ocasiones en las que se exhibía el rostro más optimista y orgulloso, una especie de isla en un océano de malos presagios. Esto ha empezado a mudar desde algún tiempo atrás, a impulsos de un crecimiento vigoroso de varios sectores económicos, lo que, por primera vez, deja entrever la posibilidad de un desarrollo sostenido, que no se agote en coyunturas temporales, sino que se proyecte hacia un futuro previsible.

En las recientes elecciones nacionales, el mandato más claro y contundente surgido de las urnas ha sido el del cambio político, que dio lugar a la alternancia por primera vez desde la instauración de la democracia. Pese al ardor y la intemperancia exhibidos durante la campaña electoral, para sorpresa incluso de los observadores foráneos, la madurez política de los paraguayos permitió que todo ello transcurriera y se aceptara en un marco de absoluto respeto a la voluntad de la ciudadanía.

Es por ello que esta edición de la Expo transcurre en un clima festivo que transciende el predio ferial, para extenderse a toda la geografía patria, y a todos los grupos, sectores y asociaciones que alientan expectativas de ver satisfechas sus aspiraciones en el marco de las nuevas coordenadas políticas. Esto conlleva sus riegos, no lo ignoremos, porque la efervescencia de expectativas alentada por un cambio, a menudo encuentra sus límites naturales en la escasez de los recursos y en la propia fragilidad de la condición humana.

Pero si hay algo que demuestra la Expo en cada edición es que el cambio no empieza hoy, ni el mes próximo, sino que se viene dando día a día, año a año, en las entrañas mismas del país, en la actividad incesante de las micro, pequeñas, medianas y grandes empresas agrícolas, ganaderas, industriales, artesanales, comerciales y de servicios que jalonan el territorio patrio de Norte a Sur, y de Este a Oeste.

Nuestros queridos amigos japoneses, cuya colaboración a través de la JICA valoramos y agradecemos en la Unión Industrial Paraguaya, tienen, en su lenguaje, una palabra que encierra uno de los secretos más poderosos del impetuoso desarrollo de esa nación asiática: el Kaizen, que se traduce como “mejora continua”, un concepto que configura toda una filosofía de vida anclada en las milenarias tradiciones orientales.

El cambio, sostiene esta concepción, sea en la empresa o en una nación, no debe aguardarse de profundas mudanzas drásticas, sino de la continua atención a los detalles y las operaciones más simples y cotidianas “Hoy mejor qué ayer, mañana mejor que hoy”, es la base de la milenaria filosofía Kaizen, y su significado es que siempre es posible hacer mejor las cosas. En la cultura japonesa está implantado el concepto de que ningún día debe pasar sin una cierta mejora.

Hablábamos del eslogan de la Expo como “Fiesta del Trabajo”, y en el segundo término de esa expresión, “Trabajo”, se encuentra la clave de ese cambio continuo. Todo lo que vemos a nuestro alrededor es fruto del trabajo, no solamente del esfuerzo físico o material, sino de la fe, del ingenio, la creatividad, la voluntad y todas las cualidades del espíritu humano.

Se suele afirmar que lo que caracteriza a la libre empresa y la economía de mercado es la competencia, que goza de mala fama porque a veces puede ser cruel, implacable y hasta desleal. Lo que pocas veces se percibe y se menciona es que el mercado es también un ámbito de cooperación y de coordinación de la división del trabajo entre distintos oficios y responsabilidades.

En este mismo sentido entendemos también hoy la relación entre el Estado y el sector privado: como una cooperación recíproca, basada en la mutua confianza y apoyo, condicionada a que ninguno de los dos usurpe espacios y competencias que corresponden al otro. En esta inteligencia se han podido construir, con el correr de los años, las más fructíferas realizaciones que marcan el avance del país y de sus empresas.

Permítanme hoy congratular y hacer mención especial a un sector que ejemplifica y demuestra de qué manera es posible alcanzar los más altos logros de clase mundial sobre la base de la cooperación, el rigor técnico y profesional y el espíritu de mejorar cada día con respecto al anterior.

Me refiero al sector cárnico, que en esa categoría encierra a múltiples actividades, desde la ganadería hasta la industria frigorífica con 16 empresas industriales que a su vez dan trabajo a 4.500 personas, representadas por la Cámara Paraguaya de Carne, pasando por toda la cadena de producción de insumos y de derivados, con un grado de evolución que en apenas un quinquenio ha pasado de una situación de postración, por insuficiencias sanitarias, a un nivel que despierta la envidia y emulación de países vecinos con mucho mayor trayectoria en el rubro. Desde el año 2003 hasta el 2008, en base a proyecciones, el aumento en valor de la exportación de carne habrá aumentado de 57 a 564 millones de dólares, es decir, un 900% o, dicho de otra manera, 10 veces más.

Fue la decisión y la cooperación mancomunada de todos los actores del sector privado, conjuntamente con el sector público, lo que logró eliminar los riesgos sanitarios y situar a la carne paraguaya en los mercados más exigentes del mundo.

No es necesario que les cuente el final de la historia, porque todos hemos recibido con alboroza, la semana pasada, la noticia de la habilitación del país para la exportación al mercado europeo de la denominada “Cuota Hilton”, que designa a los cortes más apreciados y valiosos para los consumidores de alto poder adquisitivo.

Esto se suma a las decenas de mercados externos conquistados por la carne paraguaya, los que, a partir de la aprobación europea, valorizarán aun más nuestro producto.

La satisfacción que nos embarga como industriales, es porque este ejemplo ilustra el éxito de algo que hemos venido pregonando incansablemente en la Unión Industrial Paraguaya: la conjunción entre la actividad primaria – en este caso la ganadería – y las manufacturas – no solamente los frigoríficos, sino las industrias del cuero y de artículos de este material y todas la industrias que proveen de insumos -, es lo que configura la experiencia más eficaz y multiplicadora de fuentes de trabajo para nuestros conciudadanos.

Este caso de complementación entre diversas ramas de los sectores de producción primaria, manufacturas y servicios es ejemplarizador, pero bien sabemos que no es el único. Existen ya numerosas cadenas productivas integradas o “clusters” que contribuyen a la agregación de valor con miras a la exportación, lo cual significa no solamente mejores precios para nuestros productos sino mayor creación de fuentes de trabajo.

En efecto, dentro de las cadenas productivas integradas horizontal o verticalmente, son las industrias las mayores generadoras de fuentes de trabajo por unidad de inversión. Esto no debe llevar a una oposición entre actividad agropecuaria e industrial, puesto que aquella agrega valor mediante la incorporación de tecnologías a la altura de las más avanzadas del mundo.

Igualmente en el sector industrial, el incremento de la productividad no se da solamente por la incorporación de mano de obra, sino por la adopción de tecnologías de punta en continua actualización. Todo esto se ve acompañado por la apertura de nuevos mercados, que rompen la rigidez del mercado interno o de los mercados regionales.

Sostenemos enfáticamente que el fortalecimiento y la modernización del sector industrial es el camino más eficaz para la solución del problema social, para el combate a la pobreza y la exclusión, pues dándoles trabajo, y no dádivas, es como los habitantes de una nación adquieren conciencia de su dignidad y de su responsabilidad ciudadana.

En vísperas de la asunción de un nuevo gobierno, cabe preguntarnos: ¿qué es lo que se requiere para estimular el desarrollo industrial, y el desarrollo económico y social en general?

Ante todo, garantías a la inversión, no solamente a través de leyes que incentiven y no castiguen al capital o a sus utilidades, sino por medio de un sistema judicial honesto, ágil y transparente, que se rija efectivamente por el imperio de la ley, y no por los intereses espurios de magistrados corruptos. Dentro de su competencia, el Poder Ejecutivo debe apuntalar también la aplicación insobornable de regulaciones administrativas simplificadas y accesibles, incluso a través de las modernas herramientas del gobierno electrónico.

Las garantías constitucionales a la propiedad privada deben ser firmes e inexcusablemente apoyadas contra las violaciones de hecho y contra las aberraciones judiciales. Pedimos a las autoridades salientes y a las electas, un absoluto respeto a las normas legales que vedan sin excepciones la invasión de propiedades, pues, como afirmáramos el día del empresario, no existe lo que se pretende denominar “ocupación pacífica”, pues todas encierran demandas extorsivas y amenaza de violencia.

Quienes dicen rechazar la “criminalización de la protesta social”, ignoran deliberadamente que la ocupación de propiedades privadas, o de espacios públicos cuando impiden el libre tránsito de los ciudadanos, están taxativa y explícitamente penadas por la ley, pues atentan contra derechos de terceros.

Lamentablemente, los malos ejemplos se copian con más celeridad que los buenos, como vemos en el caso de transportistas de carga que, a imitación de sus colegas argentinos, han resuelto exigir sus reivindicaciones por la vía del bloqueo de rutas, incurriendo en violaciones como la mencionada.

Ya que el empleo es una prioridad del nuevo gobierno, como forma de afrontar la exclusión social, se deben emprender reformas laborales consensuadas, que no se limiten a consagrar conquistas retóricas imposibles de cumplir para quienes ya tienen empleo, sino que posibiliten el acceso al trabajo a quienes lo buscan por primera vez o aquellos que han quedado desempleados. Los sindicatos, que suelen oponerse a este tipo de planteamientos, deben asumir, con realismo, que la inflexibilidad normativa empuja, inexorablemente, a la informalidad laboral y con ello a la conculcación de derechos mínimos de un gran porcentaje de los trabajadores, sin olvidar a aquellos que, por carencia de ocupación digna, han recurrido al doloroso y desgarrador drama familiar de la emigración.

Por supuesto, el clima que atrae a las inversiones locales o foráneas tiene que ver, también, con la previsibilidad de las políticas económicas y de las instituciones políticas. En un mundo sacudido por frecuentes turbulencias que afectan el comportamiento de los mercados, es imposible hablar de una previsibilidad total, pero al menos se pide, de las autoridades de un país, que proclamen abiertamente sus políticas respecto de las inversiones, y que las mantengan de manera coherente y sostenida como políticas de Estado de largo plazo, y que se mantengan incluso por encima de las alternancias en el ejercicio del poder.

Para esto es necesario establecer un proyecto mínimo de medidas de largo plazo consensuadas por todos los actores políticos, del gobierno y la oposición. Y hacemos hincapié en que se debe basar en un consenso mínimo, porque, frecuentemente, la propuesta de acuerdos maximalistas y ambiciosos naufragan debido a la falta de realismo y sentido de la proporción.

Los indicadores fiscales, monetarios y financieros son lo suficientemente sólidos, en estos momentos, como para sustentar un confiado optimismo, pero la evolución de la paridad cambiaria es un motivo de permanente preocupación para todos los sectores empresariales. Recientemente, la Unión Industrial Paraguaya elevó, al Banco Central del Paraguay, un conjunto de recomendaciones para otorgar mayor previsibilidad a este respecto, algunas de las cuales han empezado a ser implementadas con resultados al parecer favorables.

En nuestro gremio, otro de los factores que limita las perspectivas de expansión es la limitada capacidad de suministro eléctrico debido a la saturación de las redes de transmisión y distribución del fluido energético.

Resulta una paradoja insoportable que disponiendo de un enorme caudal de producción de energía hidroeléctrica, nos resulte imposible aprovecharla en beneficio propio debido a la imprevisión o la negligencia.

Es imperativo, por ello, que se aceleren los planes y la ejecución de las líneas de transmisión previstas desde la central de Itaipú, y que se encaren al mismo tiempo las tareas de interconexión entre dicha central y la de Yacyretá, pues es inexcusable que el desarrollo del país se esté frenando por falta de acceso a su propia energía.

El acceso a créditos para inversiones de mediano y largo plazo, que se ha expandido notablemente a través de la Agencia Financiera de Desarrollo, necesita ser, de todos modos, continuamente reforzado, pues esta sigue siendo una causa de desventajas competitivas con países que otorgan fuerte respaldo financiero a sus exportaciones. Confiamos también en que las mezquindades políticas no retaceen los recursos necesarios a la AFD para ampliar su capitalización y cobertura.

Es digno de mencionar también la recuperación del Banco Nacional de Fomento, que, gracias a una gestión eficiente y rigurosa, ha logrado superar una situación sumamente delicada de solvencia financiera, y hoy está otorgando nuevamente línea de crédito, incluyendo a sectores industriales, y con miras a esta Expo, que antes estaban excluidos de su cartera.

Como pueden apreciar Uds., aunque no podemos dejar de mencionar problemas o situaciones que nos inquietan, el espíritu general que traslucen nuestras apreciaciones, en esta apertura de la Expo 2008 es francamente positivo. Es así, porque estamos convencidos que todo cambio entraña sus riesgos, pero abre el camino a la vez a nuevas oportunidades.

Al dejar, pues, habilitada, esta “Fiesta del Trabajo”, confiamos en que todos, expositores y visitantes, hagamos realidad ese cambio modesto pero cotidiano que ilustraba la ya mencionada sabiduría oriental del Kaizen: “hoy mejor que ayer, mañana mejor que hoy”.

Muchas Gracias.

Gustavo Volpe
Presidente de la UIP

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